
sábado, 29 de enero de 2011
¿Alguien se apunta?

domingo, 23 de enero de 2011
LOS NO-OLVIDADOS
lunes, 17 de enero de 2011
jueves, 6 de enero de 2011
No hay propósitos de año nuevo
Es 6 de enero y llueve y ningún niño ha salido afuera a jugar con sus regalos. Está bien, porque agradezco el silencio. Ha empezado el año que transformará mi vida.
Mientras yo decido en qué lugar del salón poner la nueva maceta con cactus, suenan The Smiths y convierten este día nublado en lo que es: la confirmación de que hemos cambiado nuestros sueños por otros. Supongo que eso es motivo de duelo. Supongo que esto se ha escrito infinidad de veces. Supongo que da lo mismo, porque no puedo evitar sentir alegría. Subo el volumen para pensar intensamente en eso: soy demasiado consciente de que he tomado una decisión que se traga, de un golpe, varias posibilidades. Entierro y bienvenida. Ha llegado ese momento.
I was happy in the haze of a drunken hour
But heaven knows I’m miserable now
I was looking for a job, and then I found a job
And heaven knows I’m miserable now
In my life
Why do I give valuable time
To people who don’t care if I live or die?
Confieso tener miedo. Especial miedo de algo concreto (luego un barullo de recuerdos lanza). Hay una cosa de la que no debo desprenderme. Una desolación que ha de acompañarme. La tierra extensa donde la frustración es un mero adorno, una condición. A pesar de esta tregua, de la vida como un círculo carnoso que me envuelve, y a pesar de lo dura que será a partir de ahora la búsqueda de tiempo productivo, deseo:
Olvidar la moda y la soberbia
Lo que dicen este o aquel
Toda la gente que sabe está callada o muerta
Yo no sé nada de nada
Y la mercadotecnia es el conjunto de las aspiraciones convertidas en envidias
Que venga lo que tenga que venir
Que todo sea recibido con grandes sonrisas de desesperanza (heladas sonrisas)
Y la mercadotecnia es simplemente el parque de atracciones que nos da de comer
Que a pesar de entrar en la Fase 3 de mi vida
No me olvide del militarismo de la Fase 2
Ni de la inconsciencia de la Fase 1
Sea: confía en el pulso de tus manos
Porque realmente nada tiene importancia más que ese latido
Que sirve para
Caricia-Alimento-Desgarro-Vicio-Escritura
Y sea: confía en el pulso de las manos que te rodean y de las que vendrán
Que sirve para
Divertir-Aprender-Aniquilar-Inventar
La de Radiohead es una nostalgia mucho más mía aunque reconozco la melancolía de The Smiths como algo histórico a lo que pertenecemos todos.
He recibido un regalo: varillas de incienso puro. Sobre mi escritorio se oscurece el corazón de una manzana y hay una bruja en Hiroshima mon amour que dice “En Nevers es donde he sido más joven en toda mi vida…”.
Dentro de mi tórax se oscurece el corazón de una manzana y el año en que mi vida cambiará para siempre se abre paso entre la bruma como una locomotora surcando los países bálticos.
jueves, 16 de diciembre de 2010
The General Song of Humanity
miércoles, 8 de diciembre de 2010
"Todo el mundo se ha ido de nuestras vidas ahora"
miércoles, 24 de noviembre de 2010
El asunto de los peces
Dice la doctora: eso es la columna vertebral.
Ajá. A los médicos jamás hay que contradecirles.
Se ponen fatal.
Y, además, ahora que lo veo (aunque no lo sienta así), quizá esos puntos blancos…
Puede que tenga razón.
Me gustaría decirle que es mucho más bonito espina dorsal.
Pero solo digo: sí, sí.
Yo cuando estoy en casa también presiono con mis dedos de esa forma en que ella lo hace pero no soy capaz de notar nada. Vísceras, en todo caso. Y los huesos de siempre, más hundidos. Ella, otra vez: la columna vertebral.
Tengo los ojos entornados: ajá.
Intento evadirme, espina dorsal, espina dorsal, espina dorsal.
Es mucho mejor todo el asunto de los peces.
Dice la doctora: todo desnatado. Todo sin grasa. Todo sin.
Yo pienso en la mesa tras la cena; vitalínea, philadelphia light untado en pan transparente, nada más que plástico, al final. Y la leche desnatada, tan fina como el agua. Delgadísima.
Dice la doctora: si te duele, tendremos que prohibirlo. Oh, ella no utiliza esas palabras, prohibir y etc, pero se nota en sus ojos que es justo lo que quiere decir. Luego sonríe como si sintiera afecto.
La conclusión es que no hay ganas de nada.
De dormir muchas horas. Sí, de soñar, como hoy, con dos personas obesas que perdían juntas su virginidad y eran felices. En el sueño, yo me hacía una amiga nueva, sentía la fascinación propia de esos casos.
En realidad, lo de la espina dorsal me gusta.
Cierra los ojos, asuntos de peces, y mira: esos puntos blancos, alineados, perfectos. Es la columna vertebral.
domingo, 21 de noviembre de 2010
martes, 16 de noviembre de 2010
Tiempo atrás, después del tiempo de silencio

Último día de agosto de 2010, Las Negras
Con las uñas lacadas de rojo, con las piernas cruzadas en el suelo de terrazo, froto la ropa en un barreño. El agua se ensucia y la espuma del detergente Ariel para lavar a mano va desapareciendo, denso, líquido, gris, blanquecino…
Es el último día de agosto y es martes. Tercer día desde el sábado. El sábado es el primer día o el último.
El sábado es el día nunca o el día siempre. El sábado es el día desembarco de Normandía o el día Chernóbil o el día Nagasaki o, cómo no, el día juicio de Núremberg. El sábado es el día que asesinaron al príncipe austriaco o el día que EEUU bombardeó Irak por primera vez.
La gente está abandonando el verano. Hay viento de levante: palmeras enmarañadas y el mar un poquito caótico.
Esta mañana madrugamos mucho y fuimos a la cala del Carnaje. Es una playa del futuro. Fuimos los primeros en llegar y el ruido admonitorio del mar arrastrando las piedras fue solo para nosotros. Pero: viento, avispas, la soledad del adelantado. Trepamos a las dunas de cantos rodados y recogimos la basura que habían dejado allí los hombres del pasado: un bidón gigante azul, una garrafa blanca, latas de fanta de limón y papel de aluminio. Con nuestra estúpida inocencia generacional, deshicimos el camino hasta el contenedor, varios kilómetros atrás. Tuve que pararme a beber agua. Ya en el coche, ni siquiera eran las 11 de la mañana.
No fumar es tan difícil como suponía. Por las mañanas todo es un tobogán de actividad para ir adelantando horas. Pero el pensamiento, la inquietud de que te falta algo, algo pequeño que te pertenece y que aunque nunca es totalmente satisfactorio te ata al mundo y te conquista. La tarde tiene la tristeza del castigado. Tras el sexo temprano de la siesta, la saliva en la boca contiene el sabor a saliva ajena y a flujo y a residuo de pliegue e inevitablemente el orgasmo ayuda a salir de la depresión. Revolución: fumemos. En menos de diez segundos el cigarro está liado y entre mis dedos y el humo me envuelve y el espejismo de que todo sigue igual, de que nada de Nagasaki ni de desembarco de Normandía ni de Núremberg ni mucho menos Bush se atrevió a bombardear no sé qué ni Obama a retirar ninguna tropa de no sé dónde. La felicidad, en cualquier caso, dura poco.
Todo ha cambiado. Todavía no sé qué es lo que ha cambiado pero ahora los días pasan con otra lentitud. Es difícil matar los periodos solares. Hoy nos hemos escapado pronto de casa y estamos escondidos en el salón solitario de un hotel, resguardados del viento y de la vida. A la tarde no hay quien la mate ahora que la gente abandona el verano y que yo no puedo fumar y que no sé cómo sentirme. Si alguna vez tengo entre las manos una importante suma de dinero, espero reaccionar con más madurez, o al menos que la parálisis no dure tanto.
Aunque tres días no son tanto.
Encontraré el sentimiento o el equilibrio, lejos, de vuelta a casa. Quizá me dé cuenta allí de que la última semana en el Cabo de Gata del verano de 2010 fue un temblor natural, un desasosiego natural, un desierto, una contradicción, la precipitación de un deseo.
La última vez que estuvimos solos.
martes, 5 de octubre de 2010
Dinesen, sonrisa

domingo, 26 de septiembre de 2010
viernes, 10 de septiembre de 2010
He lanzado tooodos los papeles al aire. Solo había 47 páginas, el resto estaba agazapado en una Carpeclassic azul con gomas. Menos mal. Las 47 páginas han volado (poco, confieso) por el cielo de mi habitación y luego han caído al suelo, alguna se ha escurrido por debajo de la puerta. Recógelas, me ha dicho, no dejes eso ahí ni un minuto más. Y no las amontones encima del escritorio, ordena las páginas. Con el trabajo de uno no se juega. El trabajo de uno hay que respetarlo.
¿Y con qué voy a jugar entonces?
El trabajo de uno es una condena. O a lo mejor la condena es uno mismo.
He dejado todas las páginas abandonadas por el suelo durante un rato. He recogido los folios y los he amontonado sobre el escritorio. Lo he ordenado todo: 26, 43, 35, 16, 24, 11, 31, 6… Entonces luego: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7…
Bla bla bla.
Ya no te quiero.
sábado, 4 de septiembre de 2010
martes, 20 de julio de 2010
Escrito en las páginas de cortesía de un libro de J. G. Noll
Chirrido de columpios en el fresco verano de la montaña,
son dos niñas,
una está desnuda y la otra lleva vestido de volantes.
Detienen con sus pies los sillines colgantes y hablan.
No puedo oír lo que dicen.
El misterio de su conversación infantil es lo más controvertido de la tarde.
Ahora que he superado la fase de autoafirmación quizá llegue el momento de las mentiras.
Una amiga me dijo el otro día que he cambiado mucho.
Tienes los pies más en la tierra que nunca, afirmó.
En su mirada había amor y también miedo.
No sé si aquello era un piropo o la desesperanza.
domingo, 18 de julio de 2010
viernes, 2 de julio de 2010
There is a light that never goes out

Estoy harta de un cielo predominante de tormenta. Te escondes por aquí, avanza por allí, no hay escapatoria.
Piso inmune a algunas hormigas con mis sandalias rojas de goma y quedan medio muertas, intentando enderezar sus cuerpos aplastados para continuar el camino. Luego desisten, cuando les llega el fin, no antes.
En las fotos que cuelgan de mi pared hay una mujer de Godard que enseña los pechos a otra con cara de indiferencia sádica, se levanta la camiseta con ambas manos. También están los existencialistas exóticos en Tánger, una de ellos con su pierna rígida y un poco deforme. La mujer de Godard me divierte, a los existencialistas exóticos los envidio.
Como no es verano (lo repetiré, lo repetiré) continúo con mis pensamientos arcillados: el presidente del gobierno produce, entre otras cosas, lástima. Es mucho más amortiguador sentir lástima y un poco de vergüenza ajena que terror: todo lo demás me da terror y como soy una simple exterminadora de hormigas cierro los ojos y no hago nada. Ni siquiera pronuncio las palabras turbias porque es más fácil el acolchamiento: nada existe aparte de esta pantalla, este gato que me mira, estas agujetas en las ingles y los tibios planes de infuturo. En paz con Hacienda, tristemente guardadas las monedas, repartidas en cajoncitos de putrefacción colonial y adormilada, el recuento del mundo cae desbordado al final de la conciencia. No es solo hacer zapping con los ojos abultados de mentiras, es mirar cada alimento que te comes como si fuera veneno, lavar bien cada pieza bajo el agua fría y frotar la piel, limpiar la cáscara de todo lo que nos mata y luego comer con codicia porque ya estamos muertos. Hacerse el tonto y menear la cabeza hacia el lado equivocado: como chinches se tiran al suelo los desperdicios de la humanidad, estamos tan a salvo que damos asco. Pablo Gutiérrez me envía un cuento recién escrito que me abofetea: su lucidez asusta mi inconsciencia. Guillermo Saccomanno dice todo lo que soy incapaz de decir. Lo dice así, tan fácilmente, tan descuidadamente como una llaga abierta donde entra toda la suciedad. Imagino que soy apenas una niña otra vez y The Smiths hablan por mí:
Take me out tonight
Because I want to see people
And I want to see life
Driving in your car
Oh please don’t drop me home
Because it’s not my home, it’s their home
And I’m welcome no more
Pero ya ni siquiera es eso, porque yo llegué demasiado tarde a The Smiths. Ponerlo a todo volumen no me arranca las lágrimas. Demasiado tarde. Conduzco por estas carreteras cerradísimas y hermosas y me meto en el agua con el bañador negro apretado al vientre. Durante veintiocho minutos el fin está claro: es esa pared de enfrente con los azulejos brillantes. Limitarme a la densidad de mi cuerpo. Convertir lo ajeno en insatisfacción. Alejar las preocupaciones (manta kilométrica de diablos). Sobre la almohada por fin me sumerjo en Baudelaire. El ruido del lápiz sobre el libro de mi padre despierta al insomne. Es tan extraño ese pozo inmundo de belleza cuando ya no lo habitas y tu corazón se sacude las obsesiones pero las obsesiones sacuden tu corazón. Un grupo de amigos nos reunimos: unos cuantos hablan y hablan durante horas sobre la situación actual. Yo escucho intentando aprender algo, pespunte a pespunte cada barbaridad, dan soluciones imposibles y se regodean en el desastre con indolencia (¿es que es posible regodearse en otra cosa?). Al final de todo, agarrada a la inocencia como si fuera mía, pregunto: ¿y qué va a pasar? No recuerdo la respuesta. No la recuerdo bien. Sería alguna tontería de cuatro letras.
miércoles, 30 de junio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010

No tengo cámara web
soy tan informáticamente pusilánime que las cámaras web me dan miedo
cuando voy a un ciber, y ese ojo me mira agarrado al borde superior de la pantalla, lo aparto de un manotazo, por si acaso
¿por si acaso?
confío confusamente en la individualidad y en algunos de los motivos necesarios de la independencia íntima
lo aparto de un manotazo
(en realidad me da vergüenza)
Cuándo vamos a dejar de hablar del fin del mundo
yo cuando tenga tiempo dejaré de hablar del fin del mundo
empezaré a hablar del mundo sin fin
esa mentira
Cuando tenga tiempo a lo mejor me tumbo en mi jardín, lleno de mala hierba, seco (qué súbito ha sido todo), y con los brazos extendidos espero a que suban los insectos hasta que me pique todo el cuerpo
pero lo que es realmente seguro es que me sentaré en una silla, con cuidado de que las garrapatas no transiten mis tobillos, y esconderé mi cara del sol bajo un sombrero, para poder leer durante horas sin dolor en los ojos
Otra vez me esperan los libros, sobre todo uno de ellos; impacientes, olvidados
Incluso cuando el verano prometa consecuencias
yo estaré obsesionada con las causas
dicen que ha llegado ya
pero tú y yo sabemos de sobra
que está aparcado a la vuelta de la tierra
escondido de nosotros
los que aún no somos capaces de desnudarnos.
