martes, 29 de mayo de 2007




A J.B.


Busco al diablo a veces
entre la maleza.
Yo sé que el diablo
no existe
y quizá por eso
busco.

Hurgo en la hierba
espinosa
y pienso
en las cuarenta posibilidades
del amor.
La bienvenida de una araña
no me pertenece.

Siento la tierra
pegada a mis
uñas,
hundiéndose
en lo más profundo
de las interrogaciones
de los cimientos
baldíos.

El viento llega
tenaz
como un espejismo
disparatado
de azoteas
alucinógenas
y de ojos triples.

La montaña hace
una sombra
clara
sobre mi nuca.
Estoy agachada
en mi porción de bosque,
conversando con las lombrices
rojas,
infinitas.
A todos los seres pétreos
les pregunto por ti,
por si acaso te han visto,
espectral,
atravesando la noche de mi jardín.
Con los vivos me avergüenzo.
Cuando tu nombre sale,
indómito,
en los periódicos y las conversaciones,
yo sonrío, hipócrita,
como si en verdad te conociera.

Imagino las ciudades a tus espaldas,
recuerdo algunos sueños
que no fueron tuyos.

Fuimos,
con toda probabilidad,
un par de amigos
o algo
levemente parecido.
Con independencia de la racionalidad,
muy a menudo añoro
una letra tuya
inhóspitamente hospitalizada
en el dorso de mi mano izquierda,
la que aparta
(infantil)
el trigo verde,
por si te encuentra.


Zarzalejo, 27 de mayo de 2007

11 comentarios:

NáN dijo...

Algo levemente parecido a la ternura. Sí. Tan necesaria esta emoción, tan valiosa como el trueno.

¡Palabra de araña incomprendida!

Anónimo dijo...

Hola Lara. Te leo de hace tiempo. Me gusta como escribes, me parece una forma sincera de contar. No te conozco de nada y la verdad que no me acuerdo de cómo aterricé por aquí, pero enhorabuena. Que siga. Salud.

Reb dijo...

¿por qué no has contado el resto de la historia?
¿por qué no les dices que apartaste el trigo verde con tus manos de niña y nos encontraste a todos dando brincos como posesos?
-Aquí!!! aquí!!! -decíamos.

Lara dijo...

Araña incomprendida. No sé si era exactamente ternura. Pero nunca está mal, un poco de eso.

Anónimo: a una curiosa como yo... agradezco tus palabras no sabes cuánto. Saber quién eres tampoco estaría mal. Algo de ti, un simple color. Pero imagino que está bien así.

¡Reb! No te vayas corriendo tras la maleza, que te veo!!! He cortado el césped del jardín sólo para verte!!!

Anónimo dijo...

me llamo Aroa y también estoy en Madrid
(solidaridad curiosa)

Miguel Marqués dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Miguel Marqués dijo...

Nunca ningún whisky se mereció un poema tan elogioso y triste a la vez.

En fin. Yo siempre preferí el ron. Los whiskies son, a veces, un poco suyos. Dependiendo de la madera de las barricas, maduran raro. Algunos terminan echando gusto a avinagrado o a peltre. Otros esconden el sabor, pero no hay que alarmarse por ello. On the rocks y en vaso de cristal fino, vuelven a liberar todas sus esencias.

A mí lo que me pasa es que se me terminan olvidando en qué hilera está cada barrica. Yo, inconstante bodeguero.

El final es preciosísimo.

nán dijo...

levemente parecido, a la ternura, De verdad creo que sí. tanto me da persona nube objeto.

Lara dijo...

Debates metafóricos. Un poco de whisky, un poco de ternura, quizá, un poco de tristeza, a lo mejor. En fin. El poema es lo que es, y sobretodo es una forma algo ¿triste? y algo ¿tierna? de llamar a alguien, desde la incomprensión más absoluta de su distancia, como cuando éramos pequeños y no sabíamos por qué se iba nuestra madre al trabajo todas las mañanas. Claro, con bastante más conocimiento de la vida y aceptando algunas lanzas clavadas con resignación y, sobretodo, incomprensión.

¿Algo así?

No sé, chicos.

Aroa, y a ti ¿se te puede ver en algún sitio? ¿Tienes algún mail donde podamos invitarte a una fiesta?

¡Besos a todos!

Anónimo dijo...

mi email en tu email de contacto, aroa

Paralelo 49 dijo...

A mí también me encanta el final y las fotos son bárbaras!