jueves 5 de noviembre de 2009

ACROBACIA

POR SI ALGUIEN ESTÁ CERCA
Y QUIERE PASARSE A VER LA ACROBACIA...



lunes 2 de noviembre de 2009

Como dos imágenes tomadas en un mismo día,
casi en un mismo minuto, yo diría que en un mismo minuto,
el tiempo justo de girarte y mirar.
Así a veces es el pensamiento. Así a veces (y de repente) es mejor no pensar. Porque con una cámara de fotos en la mano puedes hacer cosas (mira qué cosas más absurdas para luego en tu casa mirarlas pixeladas, ah pero el mundo era esto), pero con dos pensamientos que se contradicen sólo puedes volverte loco, elegir uno de los dos, abrazarte al más hipócrita para dormir y dejar al despiadado para cuando haya tanto ruido afuera que pienses que no es tu cabeza la que estalla sino el mundo (ah pero el mundo era esto).
Antes era fácil: hacer todo lo contrario.
Antes de la herida era fácil: hacer todo lo contrario y ya está.
Ahora lo más fácil es contradecirse. Ahora lo más difícil es contradecirse.
Demasiado por metro cuadrado, por centímetro cuadrado, por milímetro.
Escribir lo que te dé la gana y no tener miedo.
Escribir lo que te dé miedo y no tener nada.

martes 27 de octubre de 2009


Tengo un vestido de lentejuelas, son como múltiples ojos de plástico que brillan bajo las luces de una discoteca que aún no he visitado.
El otoño se resiste y acaba un año igual que si empezara.
El fuerte olor de la pintura blanca es embriagador.
El otoño se resiste igual que se me resisten últimamente los libros, el agua entre sus páginas no cubre. Cambiar de título, cambiar de título, una y otra vez, hasta que encuentre el que me degolle y pueda comenzar de nuevo. Mientras, un reguero de lomos desde la estantería del cuarto de baño hasta la mesilla de noche. Tapas duras y blandas. Carcoma y olor a imprenta nueva.
El último que me absorbió tenía un título provisional y su formato era original: din a4 encuadernado con canutillo de anillas negras.

Espero que el extranjero no sea un lugar inalcanzable.

Como ahora tengo un vestido de lentejuelas (¿o es una camiseta tapa glúteos?) nada importa: me da la sensación de que estoy a punto de estrenarlo todo.

sábado 17 de octubre de 2009


Si cuando pasan los flamencos
(volando como flechas
enfrente de nuestra casa)
tú no me avisas
y yo me he demorado en la ducha
demasiado
el agua fermentando en las baldosas
si no me avisas
si salgo con los ojos calcinados en champú
y entre la nebulosa veo tu figura en el balcón
tu figura
lo que queda de ella
la mano extendida ya casi alcanzando el final de la flecha
flamenco volador interespacial
que te llevará al otro lado
si no me avisas
mis dedos mojados
agarrando la barandilla
sacando medio cuerpo afuera
si no me avisas

dónde estás
movimiento migratorio.

martes 13 de octubre de 2009


No habíamos subido hasta allí para disfrutar de un atardecer, sino para compartir un precipicio.

sábado 3 de octubre de 2009






Hizo un movimiento raro.
No dolía a los ojos.
Los erizos estaban poseídos, había que resguardarse las plantas de los pies, finas como de goma.
Duró el tiempo suficiente.
Era como si rodara.
Luego cayó.
Oímos, claramente, ese glubs, típico glubs de pozo sin fondo.
Pero no de cloaca.

viernes 2 de octubre de 2009

1. Algunas cosas del pasado más reciente.

Inactividad, posible resfriado psicosomático o formas de equivocarse en la duración del verano.

El mar suena como una cascarita llena de agua. Suena flojo, una mijita, cabe en un cuenco y de vez en cuando alguien lo sopla. Está gris y brillante.

Somos pocos. Frente a mí, en el agua, hay dos cabezas que hablan en francés. Él tiene expresión de indio apache, una testa grande y carnosa, no se mueve. Ella va vestida de otra época o de la suya: unas gafas apaisadas y un pañuelo rosa tapándole el pelo, a juego con el bañador: con esta pinta nada como un caniche a un lado y al otro de la orilla.

Me fumaría ahora un cigarro larguísimo.

La pareja ha salido del agua.

Él es gordo, efectivamente.

Ella se empina para peinarle el pelo mojado con los dedos y así él parece un niño aunque ya es viejo.

¿Cuánto tiempo aguantaré sin fumar? ¿Un día entero, dos?

Debería meterme ahí dentro y nadar, nadar, nadar, como ayer hice.

Pero ¿por qué? Hoy está nublado y no me atrevo. Tendré frío al salir. Veo cada piedra del fondo desde donde estoy sentada, está cristalino esta tarde.

Tengo dos opciones: leer el periódico o empezar un libro nuevo.

Ninguna me apetece.

Total: si has llegado hasta aquí ya no lo dudes.

Sin embargo no soy capaz.

No quiero hacer nada.

Me voy a casa.








lunes 28 de septiembre de 2009

Palabras desde Cambridge

No, yo no estoy en Cambridge. Yo he vuelto al epicentro de la península, después de tres meses. No se me hacen raras las calles, no las caras de los amigos, no los rusos blancos en vasos anchos, los cafés, las entradas de cine, los abrazos. Eso no. Sí la cantidad de maletas esparcidas por la casa, abiertas, llenas de ropa de verano inservible (sandalias, licra, pequeñas telas finas, crema solar). Sí toser (¿resfriado otoñal?). Sí la agenda llena (¿re-uniones?). Sí los cactus muertos. Sí la bandeja de entrada y las ventanas de chat. Hacer un esfuerzo por regresar sin regresar del todo. O más bien sin olvidar la minuciosa plenitud conseguida. Hay un rizo que me aprieta entre las costillas (¿o es el tórax?) que quiero alisar. Madrid es muchas cosas pero quiero que sea Otra Cosa.
Entretanto:
pedí un narrador y se me concedió.
¡Galleta de la suerte!
Otra vez a propósito de Beatriz Moreno, la niña de la bici, que ahora lleva el pelo oscuro de nuevo y pasea por los jardines de Cambridge congelando las campanas de los pubs.
Me ha prestado un narrador y quiero dejar constancia de él.
Inaugurar el nuevo ciclo con su voz.
Buenos presagios.
Espero que lo disfrutéis.



El guardián, quién, tú.

El guardián, cómo, no.

El guardián, el tiempo, nadie.


-Gira la rueda. En el otro sentido, que parezca que el tiempo va hacia atrás, que al fin le ganamos, que al fin lo cambiamos.

Sube alto, arriba, camina en esa dirección.


-¿Y después?

-Después podrás deslizarte por la nieve rápido, sin freno, hasta ahí, hasta el origen.


-¿Y los demás?

-A veces estarán subiendo, otras, divirtiéndose en el descenso, a veces te adelantarán y dirás adiós con la mano, ellos te enseñarán los dientes. Tú la lengua.


El guardián, cuando, lejos.

El guardián, dime, ya.

El guardián, , .


-Siento haberte desvelado el final de la película, pensé que ya lo conocías. Mi boca es enorme, se me escapan los pensamientos. Lo siento. ¿Cómo recompensarte?

-No puedes. ¿Puedes? Podrías... Escucha, mañana, a primera hora, cuando aún no haya nacido el sol, quiero en mi buzón una historia despiadada. Y espero que sea buena, no quiero decepciones con el final.


El guardián.

Abriste los ojos de golpe, como si algo te hubiera asustado, pero aquí, a este lado, todo estaba en calma. Abriste los ojos como si todo terminara «ahora» y volviste a cerrarlos para engañarme. Para confundirme. Lo hiciste, pensé que dormías. Pero, luego, cuando la luz llegó vi el cerco ovalado de tus lágrimas sobre el rojo granate de las sábanas. Aunque estaban tan manchadas que podría ser cualquier tipo de fluido. Pero eran lágrimas.


Quién.

Mañana tengo que ir rápido a la biblioteca, quizás si pusiera el despertador una hora antes y retrasara mi desayuno desplazándolo a una hora después pudiera llegar al trabajo a la hora adecuada para tomar mi descanso del almuerzo media hora antes de lo estipulado y así podría coger el autobús de las 13.04 frente al Café de Paris, podría, tal vez, pedir un espresso para llevar, aunque probablemente eso me retrasaría 4 minutos y 34 segundos aproximadamente.
No, definitivamente no me dará tiempo a llegar a la hora convenida.


Tú.

Pasas la página y te encuentras contigo. Con esto. ¿Esperas algo de mí?¿Algo bueno?

Deberías esperar algo de ti. Busca. ¿Qué tienes? ¿Algo bueno? Tal vez deberías dejar de leer y abrir tu propia libreta para encontrar las respuestas que tú mismo estás imaginando, porque yo no voy a decir nada que tú no sepas, porque esta página sigue estando en blanco. ¿Quién eres?


El guardián.

Rutina. Estoy harto. Todos lo están.¿Es eso cierto? Yo también.

Buscar en mis bolsillos y encontrar en mis bolsillos la misma mierda, día tras día las mismas pistas, los mismos datos.

(Mis bolsillos:

-Dos tickets-resguardos de compra/Mi almuerzo (menú del día del restaurante de abajo) /Cena (dos tomates, un pepino y una lata de aceitunas, ensalada mediterránea que prepararía después de mi visita diaria al supermercado de enfrente).

-Unas monedas.

-El ratón amarillo que encontré en el roscón de reyes de 1993, «Cambiará su vida», decía en la base, ya está borrado.)


Confío en que cambiará.


Cuando.

Cuéntame un recuerdo, me pediste. Y yo no supe decir no. Así que lo reconstruí con una estructura en huesos, sin detalles, sin colores, y te lo expuse sin pausas.

Abriste la boca para decir algo cuando te dije que ése era el primer recuerdo que se me había ocurrido. Parecías sorprendida o asustada. Ambas cosas. Ahora lo sé. No dijiste nada.

Abrí la boca para decirte la verdad y me arrepentí. La cerré. Abrí la boca y lo dije: «Sólo tengo ese recuerdo».


Lejos.

Avión-Nube. Tren-Humo. Coche-Freno. Bicicleta-Cítricos...Vale, ya me he cansado de jugar a esto, asociar palabras es divertido tan sólo durante 20 km, ahora podemos encadenarlas, pero deberíamos complicarlo un poco... déjame pensar... ¿qué tal sólo vocabulario no apto para no ilustrados? ¿Sí? Yo empiezo. Enciclopedia(risas)-diálisis-sistémico-colofón-fondar... ¿Fondar? ¿Qué significa eso? Te las estás inventando. Tramposa. No conoces su significado. (...)

¿Cuántos kilómetros va a durar este juego?


El guardián.

Miro a mi alrededor. Contabilizo. Todo en orden. Hoy han pasado 336 coches por mi cabina, 27 más que ayer.

Estoy preocupado y sé que lo notan. Cuando digo buenos días me tiembla la voz y mi sonrisa se tuerce siniestramente. Al dar las gracias pocos son los que devuelven algo. Humo o chirridos.

Viene otro, uno azul, deep blue decía el anuncio, a mí me parece azul.

Rojo, muy rojo, era el cerco en la almohada y ya no sé si eran lágrimas o saliva.


Dime.

-Te has acostado con otro, ¿no es cierto

-Claro que sí, joder, soy una fulana, ¿qué coño esperabas? Me pagas por horas y no creo que puedas pagar todas las que dura mi vida.

-Eres una puta.

-Sí. Son 150 euros y si sigues hablando serán 200.

-Me das asco. Ni disculparte puedes. Hueles mal. Tu boca sabe a semen, pero nunca igual.

-(...)

-Puta.

-Son 200 euros.


Ya.

Abres los ojos como si algo te hubiera asustado, te tengo de frente porque te observaba el dormir. Los abres mucho. Son grises.


Luego los cierras. Me lo ocultas. Me niegas la verdad. ¿Y cuál era?


Una mancha roja sobre las blancas sábanas de hotel. Unas sábanas rojas. Mis manos más rojas. La luz derramando verdad sobre esta cama. Tu verdad.


El guardián.

-Buenos días. Yo no quería, ¿sabe usted? Yo la quería, pero ella no me quería a mí. Ella quería a otros y al dinero. Era fría. Nunca me abrazaba, abusaba de mi amor, no lo merecía. Son 5,75 euros. Luego todo se complicó. Los celos, el sexo siempre fue bueno, muy profesional, pero tuve que hacerlo, ¿sabe? No me quedó otra alternativa. Abrió mucho los ojos. Luego los cerró. Me engañó. So puta. Le robé. Todo. Su dinero y su tiempo. No tenía nada más, si no también se lo habría quitado. Que pase usted un buen día, amigo. Gracias.


Beatriz Moreno







martes 15 de septiembre de 2009

Últimamente,
llega antes que yo a todas partes.
Y eso que está encerrada en un CaBo sin salida.
Pero esta vez se lo toma con humor.


(Y no os perdáis todo lo demás de Los Noveles,
y muchos besos y abrazos para todos.)

lunes 31 de agosto de 2009

Por motivos ajenos e intrínsecos a mi voluntad, la desconexión aún me durará varias semanas.
Obviamente tiene sus ventajas.
Será más tiempo recobrado: teclas tac tac tac correcaminos y avanza el cortapáginas.
También reconozco: a mis amigos, además de llevarlos en el corazón, empiezo a echarlos de menos.
A la Ciudad, además de verla nublosa, la siento bajo mis pies descalzos en la arena negra (tengo visiones fugaces de mis botas altas hasta la rodilla y sólo de pensarlo sudo pero sé que toc toc correrán Gran Vía arriba).
Mi casa entre los árboles: ¡dónde está? Quieta y creciendo nido de arañas, seguro. Ésta me espera sin remedio.
Por motivos ajenos e intrínsecos a mi voluntad, este verano durará lo que duraban los veranos de la infancia. Septiembre, os avanzo, es el mejor momento de todos. Cuando la playa huele a otoño y sólo quedan seres perdidos.
No soy un poema de e. e. cummings. (¿Te imaginas?)
Tampoco una línea del diario de Mansfield (confieso, me cansan las escritoras cuando se martirizan en sus diarios por no escribir lo suficiente, un día tras otro machacándose en sus delicadas personalidades débiles y fascinantes, dejad vuestros diarios que no se hicieron para ser publicados y escribid, joder, vosotras privilegiadas que no teníais facebook, y yo siglos más tarde, qué tonta, los leo y me aburro, escribe, entonces, en vez de leer: ¡no digas eso!).
A veces, algunas, cuando al mar se le ocurre soltar un poco de aire frente a mi cara, cojo el cuaderno por la parte de atrás y garabateo una línea corta. Pero no puedo ser fragmentaria ahora, toda mi cabeza pertenece a lo Otro (tic tic). Lo Otro tiene que continuar y ¿será posible que un día, cercano, ponga Fin?
Me he pintado todas las uñas de un rojo chicle, desde ese momento, cuando miro mis manos veo las manos de mi hermana y pienso en Cambridge.
Doy las gracias a todos los que aquí estáis o por aquí pasáis aunque yo sólo esté a ratos cortos y descafeinados.

miércoles 12 de agosto de 2009

Calor

No sé si me entienden.
En este sitio-esquina donde la temperatura no baja nunca de 30º, a veces me acerco a una pantalla de ordenador. Pongo las claves necesarias. Entro. Hay vida, pero poca. Y me doy cuenta de que en cuanto el ratón no es parte de tu mano y la forma de comunicarte con las personas ha pasado a ser una llamada perdida en el móvil y un grito en los días de poco levante, de pronto me cuesta mucho reactivar todos los mecanismos luminosos (ventanas de chat, muros, bandejas de entrada, comentarios blogueros). Ya lo dijo alguien por abajo: es el verano. Seguramente sea eso. Sé que el otoño es el otoño. Y sacaré brillo y perderé el tiempo. Pero también sé que echaré de menos elmundosininternet.
Ahora mismo me parece imposible que haya más estaciones del año aparte de ésta.
De nuevo leo libros vorazmente. De nuevo tardo dos o tres días en terminar un libro y corriendo empiezo otro. Incluso me da por hacer cosas loquísimas como obedecer una sugerencia de Pablo que no era más que un símbolo y releerme (en nueva edición no revisada) La insoportable levedad del ser quince años después. Constato que quince años atrás me jacté de leerlo y de poner la boca como una O. Pero no me enteré de nada. Ahora soy un poco Tomás, un poco Teresa, un poco Franz, un poco Sabina. Antes no era ninguno de ellos. Acaso Karenin.
Madrid es un lugar muy lejano. Irreal.
A mis amigos los llevo en el corazón.
Yo también les hago llamadas perdidas.
Y sé un poco mejor quién era Stalin.
Y hay más.
Por las mañanas, mi ordenador (limpio y sin enchufar en ninguna red social y alejado de google) sirve para la única cosa que debería (o me gustaría que) servir siempre. Tac tac tac tac.
A veces es duro. Pero el resto del día me siento bien.
Y por las tardes, mi cuaderno rojo de tapas de plástico tauro sirve para hacer croquis abruptos y ampliaciones del campo de batalla.
El verano tiene mi permiso para extenderse.
Cerca de las rocas hay peces de colores. Bajo la arena hay lenguados.

viernes 24 de julio de 2009

Desde una esquina del mapa,
aunque parezco silenciosa
sigo por aquí tramando
algún que otro enredo.

Esta vez sin cables.

Estoy limpiando el musgo.

Pero La Menuda ha dicho mú...

¡¡Un abrazo a todos!!

sábado 27 de junio de 2009

Credo de Nicea-Constantinopla

Cuando uno tiene una obsesión.

No hay libro que te alivie, poeta que sobrecoja tu cadáver, dato biográfico que actúe como luciérnaga en tu

inmenso

zumbido

de insecto

tu pesadilla.

La obsesión te separa de la vida.

Si la escondes te arruina el pozofango de tu propio espíritu en tormenta.

Si la aireas, te miran como a un loco.

Es lo que eres.

Un loco que se arrepiente de la realidad.

Por las noches, la lanzadera del sueño tirita en sus raíles: has entrado en lo prohibido, en lo que no existe.

Te revuelcas.

El mundo es como quieres, pero tan oscuro. A tientas agarras un cuerpo, lo confundes: el agrio sabor llena tu boca de mentiras.

La obsesión es tu peligro y tu inconsciencia.

Es la daga que cortará tu futuro.

En el prado enigmático de tus ojos velados, no distingues el morbo de la ciencia ficción.

Cabizbaja, ausente, tu mente se desliza por los grumos.

Tienes razón, el mundo podría estar hecho a tu medida.



martes 23 de junio de 2009

El sol cae fuerte sobre mis piernas desnudas y mis pies sucios. Veo la blancura de mi piel desaparecer en un contraste de poca definición, quemada la imagen por exceso de luz.

Posiblemente aún con la cara desfigurada, observo unos cactus desbordándose de sus tiestos resecos, y muchos tejados ennegrecidos. Me llaman las gaviotas químicas desde la Barceloneta.

Uno nunca escribe sobre las largas noches de baile. Sobre los sonidos estridentes y rítmicos, sobre el saco de huesos de Chernóbil que somos todos moviéndonos, dando pequeños saltos en una pista de cemento llena de plásticos rotos.

Las mañanas bochornosas sin color, y los cuerpos abotargados en las aceras esperando a que vengan los coches a recogerlos.

Pero hay un punto delicioso y deslizante en ese frenesí caótico que consigue arrancarnos de la vida o devolvernos a ella sin ningún precio que pagar por la realidad.

El conservadurismo de nuestros cuerpos nos recordará al día siguiente que no éramos dioses ni espectros.

Pero la fragilidad no existe en las noches de verano, cada vez más escasas y espaciadas.

Es curioso pensar en cómo llegará un momento en que lo abandonemos todo.

No sé si la renuncia es progreso o destrucción.