lunes, 29 de abril de 2013

La isla la niebla




La isla entre la niebla lluvia piedra isla niebla los acantilados de la nada a través de la nada el mar como avisando del rugir avisando de la roca del rugir del precipicio del rugir la niebla no se toca pero es blanca igual que una sábana mil veces lavada tendida al fondo de un jardín blanca casi transparente como una sábana sobre un cuerpo transparente como la tela fina intocable de los camisones de las viejas damas tantas veces lavados frotados en la pila al fondo del bosque allí un cordel entre dos ramas fuertes como las manos fuertes y ancianas el hueso en realidad tan frágil bajo la piel las manos que plancharán mil veces más cien mil veces más esos camisones que ya perdieron las flores ya el estampado se diluyó entre los hilos el algodón eterno de los bosques en la arruga del costado la frescura del blanco sobre el blanco la niebla ida fugada ya no más niebla ahora que cae el agua del cielo sobre la isla sobre el campanario sobre las lilas sobre los árboles sobre la silla oxidada el cenicero olvidado las colillas mojadas la copa de vino el domingo para siempre la lluvia la ginebra la risa

5 comentarios:

Aroa dijo...

quiero un camisón de vieja dama
bailar entre los lilos
sentarme con la respiración agitada sobre la silla con óxido

(y a la vez calmar mi odito -amoroso- por ti)

Isabel dijo...

¡Qué hermoso misterio!

Abrazos

Dara dijo...

(me lava la niebla la lluvia el cuerpo que se agita se sacude entre las lilas)

RH dijo...

Me gusta la niebla, puede ser temible según dónde estés, pero en general me gusta mucho, te obliga a mirar de otra forma. Como también me gusta lo que has escrito, sorprende ese salto límbico a partir de la sábana hasta los viejos camisones y las viejas damas y luego terminar en un domingo que parece próximo junto con su vino, su ginebra y sus risas.

Jenn Díaz dijo...

Yo renuncio al camisón de vieja dama con la condición de que te pasees más por aquí.