miércoles, 17 de abril de 2013

Rescato un texto antiguo de vigencia emocional


Anoche, por fin la segunda mitad de El árbol de la vida, Malick exacerbado en sus filias y sus fobias.
Se creó un silencio.
La brutalidad del padre, los misterios de la casa y de la luz, la culpa de la infancia.
El peso fuerte de una nostalgia o el abrevadero.
Angustia de la noche y de la belleza.
Interrumpimos la película para salir a fumar, como en los bares, y establecimos un diálogo, una fuga.
No podemos convertir nuestra vida en una continuidad opresiva.
Estamos obligados a impedir que eso ocurra.
No es tarde para ello.
No somos tan viejos a pesar de.
Aunque el manto superficial (el que brilla pero te oculta del mundo) caiga sobre nuestros hombros cada vez con más decisión, seguimos sin querer que nuestra vida se parezca a la de nuestros padres. Utilizo un plural mayestático para crear ambiente.
No, no quiero renunciar, no quiero esa pose de rechazo e intolerancia, esa ausencia de lo inocente, ese vacío repetitivo. Esa fatalidad.
Aunque sé que todo se resume a eso al final.
A la tristeza y al enfado.
Aunque sé que soy cobarde.
Aunque tenemos la mayor responsabilidad del mundo.
Si mi rostro es una continuidad opresiva hay que salir huyendo (corre, no tengas miedo).
Aunque la cotidianeidad venga a contradecirme, no quiero a nadie muerto a mi lado.
Empezando por mí.
Déjame (utilizo la segunda persona para crear intriga) que te diga lo que no tienes que hacer. Organizar las vacaciones con la familia. Ir siempre al mismo lugar (donde una vez te divertiste). Ahorrar dinero para cuando se acabe el mundo. Convertir tus frustraciones en una obligación. Decir «esto es la vida».
Déjame que te diga lo que tienes que hacer: un uso productivo de tu libertad de huir.


8 comentarios:

RH dijo...

Deberíamos tener cada uno escrito en una nota nuestros "no tenemos que hacer" y "tenemos que hacer" esenciales, leerlas cada dos o tres días por lo menos y, sobre todo, procurar sonreír todos los días una vez antes de que den las diez de la mañana.

Me gusta eso de la "vigencia emocional", es una buena expresión.

Anónimo dijo...

Cual seria el papel que nos toca como padres: Primero enseñarle a reconocer que tiene derecho a elegir, que tiene derecho a esa libertad; luego enseñarle a usarla siempre en camino a encontrarte consigo mismo, con su verdadera expresión.

Daniel Pelegrín dijo...

Huir de la pereza y la inercia, de ese ser cobardes, la huida más necesaria. Claro. Caer en la cuenta es ya un paso. Buen rescate.

Sonsoles dijo...

Estoy de acuerdo y no, ahí la riqueza. Primero discutiría contigo muy mucho las bases de ese filme y su manera de ser llevado a cabo más allá de la belleza visual, porque tengo mucho que argumentar, y segundo, te diría que huir está bien, soy fan, ya lo sabes, pero. A veces creo que esta huida la tenemos inserta en el cerebro como un modo más de consumo, el no querer ser como nuestros padres falla en mi caso si no lleva ligada la despreocupación económica, y para eso hacen falta muchas cifras en el banco que lamentablemente no. A veces pienso si la huida no se nos pinta como libertad cuando en realidad hay otras puchedumbres detrás, habrá que investigarlo en largos correos sin mucho sentido. Besos muchos.

Aroa dijo...

Yo siempre el abrevadero.

Y ahorrando dinero hasta que se acabe el mundo para ir al lugar donde una vez me divertí.

Ay,... esto es la vida, esta es la sal, querida.

NáN dijo...

Pues mira, cuando el futuro es hoy, se está más tranquilito.

Lástima que me pasara una parte importante de la vida creyendo que el futuro venía después del día que estaba viviendo.

Sehr gut, Doña Lara.

Aroa dijo...

(otro postito, ¿no?, toca)

Horacio Beascochea dijo...

Bello texto. Movilizador, para tener en cuenta.

Saludos