sábado, 23 de mayo de 2009

Alerta roja

Queridos padres del siglo XXI:

La primavera aprieta y en casa hace calor; es tiempo de salir a airearse los fines de semana. Los sábados, por ejemplo, cuando brille el sol, queden con sus amigos, vayan a lugares abiertos, a terrazas llenas de gente, donde sus hijos, vestidos de limpio, puedan correr a sus anchas, respirar, ver pasar los coches o los pájaros, molestar con gritos a toda la vecindad, incluso a ustedes. Cómprenles helados para que churreteen sus ropas y sus mofletes y déjenlos que practiquen las poderosas artes marciales o los siniestros juegos de médicos. Llegarán a casa exhaustos y colorados, con sangre, a lo mejor, en las rodillas. Quién sabe, quizá entre tanto alboroto y tanto estruendo, sus hijos se relacionen con sus congéneres o sus contrarios y mantengan alguna que otra conversación crucial para su futuro. Por mínima que sea, entre insulto y empujón, una de esas frases puede arrojar luz sobre el porvenir de todos nosotros. Tengan en cuenta que los adultos, cuando ingerimos gintonics al sol de la tarde, podemos ser mucho más escandalosos que ellos. Y también (no podría jurarlo pero el beneficio de la duda es el único as de la infancia) es posible que hayan aprendido a no cruzar la calle sin mirar: los sábados el exterior es un horizonte infinito.

Queridos padres del siglo XXI: desde el más puro desconocimiento, intuyo que así no vamos a ningún lado.

Ah, pero qué silencio.


sábado 16 de mayo, 16:36 h



sábado 16 de mayo, 17:50 h

Fotos Patricia Hierro

28 comentarios:

Mega dijo...

Del enganche a la tele al enganche de la consola, y tiro porque me toca.

Cuando sean mayores, acaso les dé por preguntar qué se hizo con su infancia...; claro que para ello, deberían conocerla antes, haberla atisbado al menos.

Un espanto el vislumbre de las fotos.
Besos, Lara

kika... dijo...

Estoy con Mega.

Y con lo que dice mi madre: el silencio de los niños nunca presagia nada bueno.

Ni siquiera este silencio.

Menos que ninguno, de hecho.

besos y magia,
K

David J. Calzado dijo...

Ten cuidado que tu reflexión puede resultar molesta a los padres y acabar siendo denunciada por fotografiarlos, cualquier cosa antes que reconocer con sonrojo el desamparo al que someten a sus vástagos. Yo me quedo con el niño rubito y su bici atropellando nuestros tobillos etílicos.

NáN dijo...

Acojonante. Seguro que luego berrean para que les compren lo que no tienen que comprarles, se lo compran, y vuelven a lo suyo.

Los niños siempre me han parecido un coñazo. Como las 8 o 9 semenas de invierno en que no se ve el sol. Pero así era el mundo, ¿no? Sin el invierno nublado no hay primavera y sin los niños no hay jóvenes. Dios sabrá por qué lo hizo así, pero así estaba hecho.

Las dos fotos con día y hora son impresionantes (felicita a esa chica). Y tu texto me parece un tiro (de precisión).

Lo leo y lo releo y no voy a resaltar ni una frase ni otra: todas me conmueven. (me gusta, me interesa, me emociona; son los grados). Por la exactitud, las palabras elegidas, el orden. Por el amor a la vida. Por la alerta que acojona de verdad. Por cómo puedes coger un trocito de una tarde y dar una lección de lo que es la vida.

Es más, de que la vida contiene peligro y azar.

Besos y abrazos, saltos y otro beso.

Sonia dijo...

Qué grande eres, Larita!
Si yo te contara...
Besos

mariona dijo...

Conocí a un padre (guapísimo)estos días en Sicilia. Me contaba en lo que dura un espresso en un bar que, obligado por su hijo de 15 años, se había gastado la tarde anterior 400 euros en dos piezas de ropa que llevaban escritas inciales y cositas que el pobre hombre, guapo y despesperado, no había oido en su vida.
Sólo repetía que unos vaqueros rotos 250 pavos. (Y los compró).
Y se lamentaba porque acababa de darse cuenta que en vez de saciar su sed, como más marquitas le compraba, más pedía el niño y más tirano se volvía.
Él: camiseta llena de manchas de pintura.
Salió del bar para seguir pintando la fachada convencido de que me había conmovido su mala suerte, como si el tener un hijo inconsciente y déspota fuera un atributo que le había tocado por (des)gracia divina.

(Qué dificil ser -buen- padre en estos tiempos, de todos modos)

Con NáN. Tiro de precisióm-.
Eres una bestia.

Pablo Gutiérrez dijo...

Aplausos. Copiado y guardado, permíteme el pirateo, usufructuaré tu texto.
Lara mira al mundo. Es una actitud distinta, ésa.
Y qué lucida.
Que los vistan de limpio para que se ensucien a gusto.

reinadesava dijo...

que verdad... la incomunicación de los niños serán el futuro más frío de los adultos. Que penita... en el libro nuestro de ¡a jugar!, hablo tanto de esto. Una familia unida por la informática es una familia totalmente incomunicada.Hay un juego expresamente diseñado para las adicciones de los niños a las consolas y demás. Pero, el mérito de esto ha de ser del adulto.
yolandaconpenitadeesto

Flx dijo...

...mmm... ¿quizás estén jugando en red? ¿en lugar de las rodillas, no valen los ojos rojos?
Estos niños son unos intelectuales, mujer, ni siquiera un monje zen jugaría a esos cacharrillos sin sonido :P

bydiox dijo...

No, así no vamos a ningún lado. Pero bueno, supongo que a ojos de la generación anterior nosotros éramos iguales, ¿no creéis?

Isabel dijo...

Un post genial y muy oportuno.
Esto es real e imparable.
Me pregunto: a esos padres, ¿les gusta leer? y, si es así ¿le habrán pasado algún libro por la nariz a sus hijos?
Sería una pena que éstos no recordaran siquiera el olor porque, con suerte, mucha suerte, puede que alguno pida un e-book para navidad, quizás la técnica los haga leer, espero.

emigrante dijo...

discierno. por costumbre. por automatismo. aunque tengas razón.

discierno.

Okr dijo...

Yo de chico quiero ser como ellos... snif.

cerillas Garibaldi dijo...

- "No es tan fácil" que dijo el otro.
-"Es que si fuera fácil, sería para matarte" le reprendió.

No creo que las consolas sean el problema, ni la tele o el vídeo, o el messenger o el tuenti, ni interné, ni cualquier avance tecnológico que asome por ese status quo que nos atenaza.

Discierno y disiento al mismo tiempo. Miedo me daría un niño que no supiera jugar a la gameboy o a la DS, o un adolescente con el tueti prohibido o que solo le dejen subir fotos de animalitos, por si acaso...

Cuando era niño, unos padres tenían prohibida la tele en su casa, no había, porque era el demonio para sus hijos. Cuando estos iban a cualquier casa, se enchufaban al aparato y no querían saber nada de los demás: siempre tuvieron problemas para tener amigos.

Nadie tiene la barita mágica de la educación de los niños, sobre todo porque cada niño es distinto a los demás, no hay dos iguales, ni sean hermanos.

La obligación y el ejemplo no sirven, eso estoy seguro, y, desde mi incierta experiencia, abrirles puertas es el menos malo de lo caminos.

Creo que hay abriles todas las puertas que puedas a sus vidas y que ellos escojan por cual caminar. Hay que estar continuamente mostrándoles todo lo que tu paciencia y sabiduría te permitan, mostrarles, enseñarles y, luego, retirarse de su fantástico mundo.

Tan importante es la consola como jugar al Bote, pero si nadie les explica en que consiste, nunca jugarán horas y horas ensoñados en buscar el mejor escondite y dar la gran patada para liberar a todos sus compañeros y volver a salir corriendo.

Podrán ver la mejor película del mundo, pero tendrán que saber que detrás siempre hay un libro, o incluso un cómic, que fue el origen de todas esas fantásticas imágenes que les maravillan.

Pero es tan importante que sepan volar una cometa, como que aprendan a intercambiarse pokemons en la gameboy, que se esfuercen en escribir un sencillo cuento como que sean capaces de enviar rápidamente un sms con el menor número de vocales.

Yo creo que deben conocer todo lo que puedan de su estrecha vida, para que luego elijan como expandirla con el tiempo.

Nunca un comentario debería ser más largo que la entrada, pero tú eres capaz de encontrar las palabras justas en un sencillo párrafo y yo tengo que suplir con líneas y líneas mi ineptitud para concretar.

"Y resultó que no era tan fácil"

Besos, Ignacio

cerillas Garibaldi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Las propiedades de las fotos dicen que fueron tomadas por una cámara Fuji FinePix S5600 el 16/05/2009 a las 18:08 & 18:17, y procesadas con Picasa 3.0

Lara dijo...

Me alegro de que discernáis, es un asunto peliagudo.

Esto es sólo un sentimiento o ua sensación, y nadie dijo que fuera fácil y no sé cómo sería para mí si estuviera en la postura de educar a alguien.

En cualquier caso, el progreso es necesario, pero siempre hay un punto medio. Me da la sensación de que llevarse las maquinitas a la calle cuando uno sale con sus amigos no es un punto medio. No es: no hay tele. Pero sí puede ser: hay tele a veces, no siempre. Porque lo que está claro es que el día tiene muy pocas horas y con el progreso se van muchas. Y si queremos que haya tiempo para todo (y esto tenemos que aplicárnoslo a nosotros también) hay que cortar un poco con las máquinas.

ANÓNIMO DETECTIVE: ya que te has tomado la molestia de averiguar esa información al parecer decisiva, me hubiera encantado que me dijeras tu nombre. En cualquier caso (creo que ésta es la primera vez que me "defiendo" en este sitio y no sé si esta postura me resulta cómoda), y como parece que la intención era poner en evidencia una información bastante literaria (o así esperaba que se tomase), te cuento, os cuento: esas fotos fueron tomadas en Cádiz, el sábado 16, y no tengo ni idea de la hora ni de la marca de la cámara ni de nada (ni siquiera sé si es posible averiguar eso). No sé si es la hora que tú dices o la que dije yo, ni idea. Entre otras cosas, porque hay muchas fotos hechas a esos niños, que estuvieron así mucho rato, y a nosotros mismos, los que estábamos allí: estuvimos como tres horas el en local. Desde después de comer hasta antes de cenar. Luego escogí dos, y puse la hora al azar. Me parece lo de menos, pero gracias por la información, querido Watson.

Un saludo y muchas gracias a todos.

La Semana Fantástica dijo...

A mí de pequeño me encantaban las maquinitas... Pero no sé cómo, aunque sí sé quién, me enseñaron a pasármelo igual de bien con ellas que con un libro o un tebeo. La próxima vez que vea a mis padres se lo pregunto... O, directamente, miro las PROPIEDADES de mis padres y lo averiguo.

cerillas Garibaldi dijo...

Tampoco soy de términos medios, ni de un rato para cada cosa, que generalmente suponen imperativos incontrolables.

Creo que es mejor la libertad cimentada en poder elegir libremente entre el máximo posible de opciones.

Y cierro el debate por mi parte, que me pongo muuuu pesao....

Aroa dijo...

Yo tuve una maquinita que se abría como un libro y salvabas marineros que se tiraban por la borda de un barco. Y luego una sega y una nintendo no se cuantos. Pero también tuve arena en las rodillas heridas y un portal que se convertía en escenario y una amiga mandona y una pelota de papel albal y me gustaba ser el perro cuando los demás jugaban a las mamás y a los papás (porque así me dejaban a mi aire, esto a mi madre no le gustaba porque me machacaba pantalones y zapatos...) Bueno, la cosa sí ha cambiado. En un antes no tan lejano se jugaba en la calle, se veía la tele, se hacían cosas, incluso, los padres se sentaban a vernos columpiarnos en el parque o el mío, al menos. Pero ya no hay tiempo. Hay jornadas. Hay la cena que hacer cuando se llega. Y las maquinitas silencian a los niños durante horas. Y tienen y quieren todos los juegos del mundo que no son precisamente regalados. Y yo entiendo a los padres también. Pero que un grupo de niños se siente uno al lado del otro con sus maquinitas y no se hablen durante horas o prefieran la soledad y dar a los botones compulsivamente tardes y tardes, no, ¿no? No saben jugar solos ni entretenerse. Que nadie investigue mis fotos porque la fecha está mal puesta y se va a confundir.

david dijo...

Por eso yo, cuando tenga churumbeles (Clinisbud y Satanita) les abandonaré en el campo, para que aprendan a cazar pájaros, a atrapar conejos y a romper lunas de coche a pedradas. ¡Ay! Me están pegando cogotazos mientras escribo esto, vaya tardecita llevo con la censora.

¡Ay!

En fin.

Al anónimo que sabe que el EXIF se guarda en los jpgs y que además sabe mirarlo, le diré que aplaudo su dominio de la técnica, pero que primero, no hacía falta mirar tanto (en la sombra de la mesa se ve que ni de coña han pasado dos horas), y segundo, qué el mensaje del post es el que es, ponga la hora que ponga al lado de las fotos, y que a mí me vale más la palabra de Lara para confirmar que los niños estuvieron ahí quietos leyendo durante horas como para necesitar dos fotos que definan un intervalo.

Que por otra parte y puestos a ser paranoicos y a enmarañar tampoco diría nada porque bien podría haberse cambiado la fecha de la cámara entre foto y foto.

En cualquier caso si al anónimo le divierte encontrar errores absurdos y gritar ¡ahá, te pillé! invitado queda a pasarse por mi fotoblog a encontrar en los datos de Google Maps errores de ubicación que van desde los metros a los kilómetros. Se me caerá la cara de vergüenza.

david dijo...

(y me quedo pensando, ¿cuando cambió la hora, aparte de en el móvil, en el reloj del coche y en los de la cocina... ¿¡la cambié en la cámara!? ¡Qué miedo! Voy a ver)

David J. Calzado dijo...

Larita, quizá la ingestión de gintonics -sin ton ni son- de aquella tarde nos trastocara la dimensión espacio-temporal. Qué importa si es Cádiz, si es sábado ni la hora. Qué más da que los niños no sean niños sino enanos actores en su mejor papel. Importa lo escrito, la reflexión que ilustra las fotos, que arroja luz allí donde yo sólo vi sombras (me apresuré a borrar muchas de esas instantáneas de mi disco duro, como bien sabes). Importa tu mirada sobre esos rapaces, tus pupilas cada vez más y más dilatadas. Importa que podamos ver a través de ellas. Brindo por ello.

Lara dijo...

nintendos

gintonics

y besos

carmen dijo...

Precisamente hoy a la hora de la comida hemos estado hablando de niños y adolescentes... y yo siempre me alegro de haber nacido en el 79, de haber usado rara vez aquella maquinita gris para jugar al tetris, de haber tardado tanto tiempo en tener ordenador... de haber jugado a al tocalé y a la goma en la calle, haber cambiado cromos, haber visto Candy-Candy, etc., etc. Tengo sobrinos y me atrevo a decir que, al menos cuando yo estoy con ellos algún que otro fin de semana, hacen un uso moderado de la nintendo y demás aparatejos y no cambian la bici o la pelota o los amiguillos por la maquinita pero ¡esto es una locura!
Hay que ofrecerles alternativas y ayudarles a que su imaginación vuele.
Desde mi humilde contribución al mundo con los cuentos, lo consigo... pero es complicado que la palabra supere a una Nintendo ultrasónica con pantallita de no sé cuántas pulgadas...
Que me lío... Lara, gracias por tu reflexión.
Besosss y aplausos

Aurélia dijo...

Lara, qué fuerte, el grito! Tuyo! Las fotos de Patri son de terror! Y geniales! Sí, da miedo el silencio, igual que la niñez perdida en ropa limpia o en la pesadez de los deberes... Hay que buscar ya donde metieron a los niños, es cierto. Encontrarlos, para encontrarnos a nosotros, como dices...
Un abrazo con helado de chocolate!

u minúscula dijo...

cómo eres Lara..
cómo me cuidas y cuánto me gustas

Pablo López Pleguezuelo dijo...

A mi me hecharon por no poner a mis niños a colorear. Y por tirarle una tiza a uno.

Ellos me querían y eso no le importa a mi bolsillo.

No soy padre, y ya tampoco profesor particular. Pero se que entre un niño y un humano no hay tanta diferencia.

Jo, yo solo pasaba a saludar, pero ha coincidido con esta entrada.

Muy bonito cómo escribes.