martes, 18 de mayo de 2010

BRASIL, número uno

9 de mayo de 2010

Ilha Grande, Estado de Río de Janeiro, Brasil

Así que esto es el Trópico de Capricornio.

Escucho caer la lluvia en los tejados de madera y caña, no ceja. También escucho las olas porque están aquí, moviéndose a un palmo.

Tras 14 horas de autobús hemos llegado desde São Jose do Rio Preto a Angra dos Reis, haciendo parada al amanecer en São Paulo. Llevo seis días en Brasil pero hace apenas un rato que empecé a mirar. Lo de antes: São Paulo con todos sus mega-adjetivos de infinitud. Desde un centro de congresos no puede admirarse una ciudad, aunque mi habitación estaba en el piso 16 del hotel y los amaneceres rabiaban un skyline gris y hasta lo lejos. Recordaré algo de São Paulo: a mediodía, desde el edificio de las conferencias, podíamos ir andando hasta el restaurante donde almorzábamos: ese tramo de la calle, no más de dos o tres cuadras, era Brasil, era São Paulo y era el extranjero. Todos los olores amortiguados por el aire acondicionado de las salas subían ahí hasta mi nariz: olor a frito, a caramelo, a espesura, como a algo derretido en plena urbe. Los viejos, las niñas guapas, la esquina del comercio frente al puesto con ruedas de jugos de piña y bolas de pan con queso. El corto camino entre el edificio y el restaurante tiene también otro recuerdo: las conversaciones a paso despacio con Leonor, contándonos cómo su apellido, Scliar, llegó de Besarabia a Porto Alegre, parándonos en las esquinas, esquivando a los viejos que fuman y a las niñas guapas. Ojalá ese pequeño camino de libertad hubiera durado tardes enteras, para que Leonor Scliar, nacida en 1929, nos hubiera hablado con serenidad y emoción, sonriente, de cualquiera de las dos mil quinientas cosas interesantes de las que sabe hablar.

Ahí se acaba la ciudad se São Paulo para mí. Esta mañana amanecí en una de sus estaciones de autobús, como una zombie me monté en el metro, lleno de gente joven que aún no se había acostado, y llegué a otra estación para coger otro autobús donde me pasaría montada la mayor parte del día de hoy, entre el asombro y el sueño.

Nuestro viaje empezó realmente anoche, pero es extraño llevar ya una semana en el país y haber estado adormecida y expectante. Las rarezas de la existencia se suceden una tras otra, se acumulan como el café cargado. Acaban teniendo el mismo efecto, entre el narcótico y la angustia. Luego se pasa. No más café, no más hiperrealismo. Un poco de silencio y de olas.

Hoy he visto por primera vez la vegetación del trópico. El autobús ha ido dejando atrás las carreteras tipo oeste americano y se ha adentrado en el bullicio. Es mejor no explicarlo. Nunca vi nada igual, ni parecido. Es el espesor, la condena, la vitalidad. Altas montañas ceñían la calzada y dentro de ellas un más adentro y más adentro aún. A veces, en las curvas cerradas, se abría el paisaje al mar o a valles fosforescentes de humedad. Desde aquí, la Tierra es invencible. Capricornio todopoderoso. Han pasado las horas y el autobús se iba vaciando en cada parada: calles de barro, techos de latón, gente en bicicleta haciendo equilibrios con el paraguas abierto, las palmeras ahogándose con los altos pinos.

El cristal del autobús me ha impedido, supongo, tantas cosas. O quizá es esa extrañeza de la existencia, esa indefinible amortiguación de los sonidos. He caído en profundos sueños incómodos, he intentado leer, he pensado en que a los treinta nada pasó pero a los treinta y uno me he vuelto miope y tengo alguna cana. Entre otras cosas.

A la isla hemos llegado como en un sueño. Montados en un catamarán grande, rápido, mojados el pelo, la cara y el equipaje, nos hemos alejado de la costa adentrándonos en la niebla. Tras una hora de travesía, hemos llegado a Ilha Grande. Primero fue la isla de los piratas, luego de los leprosos y por último un centro penitenciario para presos políticos y asesinos en serie. Sí, su verde oscuro, su sinuosidad bajo la niebla, dan miedo. Pero el embarcadero nos ha recibido como todos los embarcaderos de los paraísos: con algarabía, cuerdas mojadas, maletas y enormes pájaros negros sobrevolándonos. No hay hipérbole: son enormes. No quiero saber de qué se alimentan, además de peces. Agachan los cuellos como los buitres cuando pasean por la orilla. Deben de ser primos hermanos.



Un poco más tarde uno se da cuenta de que estamos, también aquí, en el siglo XXI. Internet, surferos y gente que mira el fútbol en pantallas planas. Pero esa primera toma de contacto en el embarcadero, bajo una lluvia fina, parados frente a nuestro equipaje y frente a nuestro estupor, ha sido atemporal, decimonónica, de los primeros años 20. ¿Adónde hemos llegado? La isla se extiende, alta y verde, kilómetros y kilómetros atrás. El movimiento de las olas es fuerte y constante a pocos metros de mi cama. La lluvia no ceja, se vuelca del cielo sin melancolía. Ni siquiera son las once de la noche, y uno juraría que entró la madrugada.

Así que esto es el Trópico de Capricornio.

16 comentarios:

Enrique M. dijo...

Leo el Brasil de Ledo Ivo, y, casualmente, leo tu Brasil.

Facil imaginaros de la mano.

RaRo dijo...

cuántas palabras guardarás en tus papeles... así que eso era el trópico de capricornio...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Me relamo, Larita, por el Brasil que me contarás cuando nos veamos. Pero relamerme de perro de paulov...
...Joder, Larita, qué buena eres escribiendo, buscando tesoros, qué hija de puta...
...Hablo de algo de eso aquí: http://miguelangelmaya.blogspot.com/2010/05/cuando-aprendi-silbar.html
...Perdón por la egoytisolización...
...Beso, amour...

Aina dijo...

Lara! No me entero! Estás en Ilha Grande? Qué envidia! escríbeme un mail y me cuentas porfa! tengo que recomendarte un sitio al que ir!.

Mil besos y disfrutaaaaa

Periferia dijo...

Qué envidia más brutal. Quiero más. No conozco Brasil. De entre las referencias que conservo de lo que me han contado (excluyo lo que he visto en cine y leído y la música, que es ya universo muy sobreinterpretado): una amiga de una ex compañera de piso pasó allí un año, y decía que daba la impresión de haber tanta vida y tan fácil -fácil su propio fluido, no las condiciones materiales- que decidió que se quedaba preñada. No era algo tan trascendental allí. Era fácil nacer, traer hijo, y también morir. Otra amiga pasó unos meses en Sao Paulo y lo único que me contó (no lo único, pero era en lo que recaía) es que no podía andar por la ciudad, ni cruzar la calle-carretera. De esto hace tiempo; supongo que vivió en las ¿afueras? (¿tiene sentido decir afueras en una megalópolis?).
Besazo.

Isabel dijo...

He viajado contigo al abrigo de tus expresivas impresiones, pero antes me he ido al facebook para saber qué te había llevado tan lejos, y me ha parecido muy, muy interesante y vengo a decírtelo, bella Lara.

Y también a darte la enhorabuena por todas esos nuevos libros, dodnde seguro brillará tu colaboración.

En la feria del libro de aquí de Sevilla, busqué el de Gemma y Fernando y no lo encontré, pero persistiré.

Muchos besos y a descansar de tanto traqueteo.

Lara dijo...

Gracias a todos, chicos.

Deciros que pensaba poner cada día una entrada (hasta acabar el recorrido), pero lo que queda de semana se me presenta con mucho lío y no podré poner el siguiente Brasil hasta el lunes que viene, creo.

Gracias por estar ahí!!!

PD: Migue, me sonrojas!

Lara dijo...

Aina: no, estoy ya en España...

Pero ya me recomendarás eso para la próxima vez!

Besos

David J. Calzado dijo...

A mí esos pájaros enormes me aterran y fascinan. Beso.

Portorosa dijo...

Hola, Lara. Me ha encantado.

Pez Susurro dijo...

casi se siente el aire en el muelle

es como estar allí...

el trópico te ha atravesado
y llena tu centro.

me alegro, Lara.

Un beso

Aroa dijo...

Días sin creerme la primera foto.
Qué buena y fantasmal.
Brasil. Ayer estabas ahí, en las 3 rosas.
Besos

síl dijo...

ohhhh! qué envidia!
sigue contando, sigue contando!
un abrazo grande

NáN dijo...

La lluvia que no cesa en loe tejados pobres y las olas cercanas. Así que era eso.

Después nos cuentas tantas cosas de ensueño.

Finalmente nos hablas de una foto que sitúas en los años 20. Esa foto ya la he visto. Primero la leí, después la vi en la película "El sueño protector". Sin lluvia, pero la misma foto: el señor y la señora Bowles desembarcando en África.

Roberto dijo...

me llevó lejos tu crónica...pronto me marcho a lisboa, una pequeña brasil

un beso

visit brasil dijo...

Muy buena pagina y excelente articulo, ¡Felicidades!

Os presentamos Brasil y Angra dos Reis, en el estado de Rio de Janeiro.

¡Un lugar paradisiaco para relajarse y disfrutar la vida con gran estilo!


Echa un vistazo a las fotos y al video:

http://tinyurl.com/22mc8o8

http://tinyurl.com/33qyvfv


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