domingo, 2 de mayo de 2010

El robot invencible y la bailarina

A veces todo lo que tenemos dentro es una isla desierta.

Ya nos hemos hecho mayores y sabemos que existen los tsunamis.

Si el tsunami se lleva por delante la isla desierta es un problema.

Cada vez nos queda menos tiempo para la rabia.

Ahora empleamos el esfuerzo en cansarnos.

Todo esto suena muy mal.

Suena como a renuncia.

A pastillas para dormir o sucedáneos.



Así pasa el día a día en el Mundo de Los Vivos.

El Mundo de los que Creen Estar Vivos.

La Ciudad Rebosante de Pequeñas y Angustiosas Islas Desiertas.

Nos levantamos.

Algunas mañanas nos da tiempo a lavarnos.

De todas formas a lo largo del día lo que hacemos es ensuciarnos.

Luego nos acostamos.



Pueden pasar años sin que nadie se dé cuenta de que todo está iluminado.

A pesar de que haya lugares que se estén oscureciendo para siempre.

A pesar de que aumenten nuestras dioptrías por cualquier exceso.

A pesar de que las nuevas tecnologías sean lo más parecido a la demencia senil.

Pueden pasar años.

Pero siempre vendrá el Robot Invencible a avisarnos.

La Bailarina del Corsé Desabrochado.

Cualquiera de ellos.

Ambos tienen el tamaño de un jilguero.

Ambos viven en el papel maché.

Ambos saben lo que dicen:

Existe un mundo en el que Todo Está Iluminado.



Sólo es necesario no darle cuerda al reloj.

Olvidarnos.

Recordarnos.

Cada isla desierta tuvo su momento de felicidad.

Su desquiciante azul en la memoria.

Cada isla desierta es un lienzo que una vez fue blanco.

Luego llegó la Mano de la Magia y lo cubrió.

Lo hizo aún más hermoso.

La Mano de la Magia lleva pulseras tintineantes.

Lleva anillos que sirven para brillar y nunca son alianzas.

Lleva un discreto perfume a mar.

A veces no lleva nada, está desnuda como nuestro propio náufrago.

El náufrago que hoy se ha levantado.

Ha dejado todo lo que tenía.

Y ha venido a la Fiesta de los que Saben que el Mundo está Iluminado.


Este texto fue escrito para la exposición de Rebeca Le Rumeur, Del azul, el 11 de marzo del 2010

13 comentarios:

RaRo dijo...

existen los tsunamis
existen tus palabras
que se cansen los otros
te esperamos a la vuelta
mucha suerte y cariños

trovador errante dijo...

Gracias Lara, por tanta luz.

Un abrazo largo,
Kike

ILSA dijo...

Guau!! (poner aquí emoticono con ojos como platos).
Paz, armonía y luz.
Desde abajo y qué subida!!

Isabel dijo...

¡Qué suerte tuvo Rebeca! Es precioso, y ¡tan sabio!

Gracias por compartirlo.
Abrazos

Aroa dijo...

no perder de vista esa luz
que siempre me de tiempo para el agua
no quiero ensuciarme hoy

me apunto a la fiesta

Francisco José Najarro Lanchazo dijo...

Genial. :)

Anónimo dijo...

I
Robot artista, robot defectuoso, robot de conexiones fuera de programa, de programa defectuoso, de programas funcionando en vacío, sin sentido, ebronauta fuera de río, desnortado golpeado por el cierzu, generamos calor para generar frío, islas de frío, personitas-frío, burbujas de acero y cristal, cárceles de cemento, TFT y asfalto recalentado ¿quién elige revolcarse en esputos por muy Casanovas y sin quitar Universidades ni Desconocidas? bailarina dime un músico suicida, un Labordeta, en qué deviene el que persiste en su locura, baila baila baila…


arañado por todo el cuerpo, quemado por el sol, el calor, el frío y el viento, cubierto de odorizados lodos de cinco días en la impolutamente perfumada estación Delicias spell UR

Camino al Norte

Roberto dijo...

Larita, no sabía de este texto.
Me retuerce por dentro.

Quiero verte ya.

t.q.

NáN dijo...

Qué noche la de aquel día.
Que cariño en los amigos.
Qué Rebeca la de siempre.

José Mari dijo...

Hola, LARA,soy José Mari, de Lanzarote. ¿Cómo estás? Necesito tu ayuda para una cosilla de mi tesis doctoral sobre narradores contemporáneos. Te estoy buscando por internet!!!! Escríbeme, si te parece, a kaluitas@yahoo.es y te cuento con detalle. Besos.
Me encanta este blog. Dos libros míos están a punto de salir. Ya te contaré.

Anónimo dijo...

Islas

A ver:
un hombre y una mujer
viven en una isla asediada.
Los rodea el océano donde
ardió el plumaje de un jilguero
en el hilo del
amor que canta
en la espesura del vacío.
El jilguero los nombra y son
inseparables de sus nombres.
Los cerca el mundo como
un animal sin luz y cruel.
La tierra lame heridas
que hablan con ojos hacia adentro
y caen con
astros detrás.
A ver:
un hombre y una mujer
muerden las
envolturas marinas
de lo que amaron.

NáN dijo...

¿Bienvenida? ¿Sí? ¿Ya?

Isabel González dijo...

Es estremecedoramente real. Enhorabuena por la estructura del texto que le otorga un ritmo particular que te va implicando y seduciendo