lunes, 17 de septiembre de 2007


Se aleja la tormenta
como el verano,
apartada estación
siempre alejada.
El sabor
ensucia la boca,
poco
y pobre.
En medio de lo más oscuro
ha gritado un rayo
con alegría.
Donde no está
el mar
por qué el estío.

9 comentarios:

Kika... dijo...

Me ha gustado mucho. Bálsamo para mi cerebro (encharcadito está, el pobre).

Un beso desde donde no está el mar.
Y muchísimas gracias por enlazarme desde aquí. Es un honor, Lara.

Cuídate,
K

pablo dijo...

El mar de invierno es el más hermoso. El otro huele a crema y a sardina.

nán dijo...

Cuando leí "ha gritado un rayo con alegría" di un bote, de verdad de la buena.

Como si fuera yo el rayo que así grita. Lo soy. Yo es cómodo, al igual que todos los pronombres: toda persona es yo, (creo yo).

Lara dijo...

El mar de invierno es el más hermoso, sí, pero es que aquí, en invierno, sigue sin venir el mar.

Kika...

Nano: después de tanto sin verte, imaginar que saltas por el grito de un rayo es una auténtica delicia.

Besos a todos.

FILIPPIDES dijo...

Una caricia de mar, para aplacar la falta de calidez.

Anónimo dijo...

cuando llegas de madrid al mar
tras un año
y has bajado desde la montaña
y es azul un triángulo a lo lejos
entre las carreteras
y los niños se encienden
y se pasan las horas en la arena jugando
bebiendo sol y yodo
castillos en la orilla
y recogen las conchas
y el coche se regresa
con un olor robado
a marea de lunas
y aceites y vestidos
y a esperar otro año
ya no nos queda otra
que afrontar los tres meses
sin el agua
sin ruido

carmen moreno dijo...

¿Cómo que el mar no está en Madrid? ¿Y tú qué eres?

Lara dijo...

(Carmen: ji...)


Ro: si miras aquí, te dejé contestación en la entrada de abajo, ¡perdona por haber tardado!

Belier Belcán dijo...

Se viene la tormenta,
con su otoño de la mano
otoño retoño valedor
de otros asuntos
que creíamos enterrados bajo las
hojas podridas del platanero

El otoño con su rayo de olor,
su clavo de estrellas,
(su anís en los labios)

De una nube a la que no recordamos
haber invitado,
un siseo al oído
(acuérdate, acuérdate)
y convierte a Madrid en una ciudad
de un norte mucho más al norte,
o de un sur extraviado
y rara avis.

Y se queman los routers y
las cenizas de unas cuantas
(deliciosas)entrañas
planean sobre el teclado.

Soplamos, y la nube se hace nieve.