domingo, 30 de noviembre de 2008


De qué me sirve, acaso de qué te sirve, que el corazón se me encogiese como si doliera, o acaso me doliera como si encogiese. En la pantalla plana veo el rostro de una niña negra como el tizón labios de acero, el gallo blanco cacarea alrededor, sus plumas cuando se manchen serán de oro, y con los ojos amarillos de la selva, ella aguantará el ritual de purificación que demuestre ante sus familiares

cabra que muere por tu lanza

que sus manos descuartizaron cuerpos sin culpabilidad.

Y sin embargo, las tripas de la cabra son blancas y no siempre desvelan el horror, niña con manos de costurera, niña machete revolucionaria. De qué me sirve, de qué, mis dedos se enredan en mi cabeza cuando veo pantalla plana encuadre apaisado cómo alguien ceño fruncido lava tu pelo rizado con guantes de látex, aguja esterilizada en medio de la úlcera que asola el pie, tu oreja es tan perfecta, tu cráneo chico, te capturaron de noche los rebeldes como si tú fueras un soldado, uno descalzo y sonriente, la rebeldía hiere a la selva, y quizá vuelvan.

No tienes nariz, no tienes labios.

Dos agujeros se te abren por la cara como fosas, por los que respiras.

Yo no puedo menos que avergonzarme por mi dolor.

Corre en la noche, Kilama, fuera de tu poblado. Ve y busca tus brazos otra vez.

Los míos son demasiado largos, y para qué.


10 comentarios:

Virginia Barbancho dijo...

Tal vez no sirva de nada, y aun así es necesario que el corazón se encoja...
No puede no hacerlo...

Aurélia dijo...

Las pantallas... Pantallas son... Murallas... y puertas... Aperturas... a la impotencia. Aperturas a la vergüenza... La vergüenza de la raza...
Y sin embargo, hay ojos para ver, sentir, llorar... Y para qué?
Para qué lo escribas, con tus palabras que salvarán de la nada a la niña rebelde de la selva que comerán...
Para que hablen tus ojos mediante tus palabras...

NáN dijo...

Si no se dijeran las palabras, ¿a quién se le ocurriría que eso existe y hay que pararlo, sino en este siglo en el siguiente? Para que no siga extendiéndose por milenios y solo lo sepan los mutilados y quienes los ven.

Si no hubiera palabras y ganas de decirlas estaríamos todavía más muertos cubiertos por cenizas.

Microalgo dijo...

Por lo menos decirlo.

kika... dijo...

han preguntado sobre esas purificaciones extrañas en el examen.

ójala hubiera tenido tus palabras.

besos
K

Lara dijo...

Tenéis razón, por lo menos decirlo. Pero me lo pensé un rato antes de colgarlo, no sé si me entendéis. Esta sensación de estoy aquí calentita en mi casa e "incluso" tengo la oportunidad de decirlo. Da vergüenza.
En fin.

Un abrazo!

aroa dijo...

Vergüenza es obviar y no pensar en la casa caliente y no conmoverse ni sentir ni pararse siquiera a pensarlo dos veces antes del cómodo click.
Desde otro lugar caliente, por suerte, por azar.

kika... dijo...

hay que decirlo, porque puede que estemos calentitos en la otra mitad del mundo, pero tenemos voz.

más besos
K

ILSA dijo...

se nos encoge el corazón
pensamos que algo pasa
sentimos que algo pasa
pensamos que algo hay que hacer
pensamos qué podemos hacer

y a veces podemos hacer algo
y otras sentimos que los brazos (largos) no nos sirven

al menos alzamos la voz

sí sirve, Lara, y mucho

Miguel Marqués dijo...

Sí sirve, sí, pues claro. Encogerse a miles de kilómetros es mucho, decirlo es más, gritarlo más aún, y lo mejor es que hay todavía más, más que decir y que hacer. Es una cadena necesaria y se puede convertir en inevitable, aunque Kilama ni lo sospeche.