sábado, 17 de abril de 2010

LE VOYAGEUR

Recuerdo los poemas de Rafael R. Costa.

Recuerdo que los leía sentada en el suelo de una habitación donde las baldosas dibujaban la estrella de David.

La habitación estaba en medio de una ciudad inmensa.

y desearás morirte porque tus labios tan descoloridos solo / son hermosos ya en un momento determinado de la lluvia

Me escribe un amigo preguntándome si estoy melancólica.

Yo me hago preguntas sobre la melancolía.

y te encuentro enseguida y pasamos otra tarde decidiendo / si vamos al muelle si te parto la cara si te escribo poemas

La melancolía es un parte del cuerpo humano útil y necesaria para la memoria.

Le contesto a mi amigo diciéndole que no estoy melancólica.

Pero supongo que un manojo de mi pelo o las uñas que caen en el lavabo o el borde de la carne que queda enrojecido por algunos elásticos son melancólicos.

comimos dátiles en casa de sus padres, y después / en la azotea hablamos durante horas de los astros

No estoy melancólica pero si recuerdo los poemas de Rafael R. Costa y busco su libro y lo abro y releo algunas maravillas pequeñas igual que si hago recuento de los amores de antes o los de ahora igual que si un día fui una niña que metía los pies en el agua desde la proa de un barco igual que si las luces aquellas me cegaron mientras la felicidad se ensanchaba como pompa de chicle al salir de una discoteca en las afueras de Berlín igual que la madrugada en que bebí mi primer colacao en la cocina de la casa del verano mientras ella rompía aguas frente a mí igual que cualquier refugio o cualquier maldición o cualquier herida pasada presente futura todas esas cosas destrozadas y atesoradas significan que no estoy melancólica sino viva.

Esta semana he conocido una nueva buhardilla de Madrid. Tiene las paredes recién encaladas y apenas tres muebles. Sorbo mi saliva al imaginar la nostalgia que sentiré dentro de algunos años cuando recuerde los momentos libro cigarro té moruno caducado risas que aún me quedan por pasar dentro de ella.

Ni más ni menos que eso es la melancolía.

Ni más ni menos que esto:

Los vientres de los pájaros son negros

si han de contenerte.

La línea de tu pómulo cortado conduce recto al infierno

tengo sed de besarte y te beso yo quiero ser el poeta

de los condenados.

*en cursiva: Rafael R. Costa, Le voyageur

15 comentarios:

RaRo dijo...

hasta yo empiezo a sentir nostalgia de esa buhardilla de Madrid que no he conocido.......

Pez Susurro dijo...

la melancolía
una carta que te escribes
sin darte cuenta a ti mismo
desde el vientre de tu centro


vacío


beso, Lara

Isabel dijo...

Disfruto tanto de tus palabras en esta mañana de domingo, que mi felicidad aumenta como "pompa de chicle".

Bella aludida melancolía.

Abrazos

Aroa dijo...

curarse en melancolía
prevenir extrañar
eso hace que el tiempo pase rápido

y también que sepa intenso

mientras

acróbatas dijo...

No estoy melancólica sino viva. A mi me preguntaron una vez si era una persona triste. Supongo que a eso no puedo contestarle que "estoy viva", pero igual sí que soy viva.
Me encanta que me acerques en esta mañana de domingo a "Le voyageur" y me encanta imaginar esa buhardilla de la que hablas con paredes recién encaladas.
Un beso grande,
Vanessa

juan bello dijo...

yo solamente acabo las ciudades, la melancolía está al final de los viajes, al principio de los regresos, en el dobladillo de algunos corazones.

a.ma dijo...

Non estou melancólica...son melancólica e extremadamente feliz, sempre, e a partes iguais.Afíxenme á melancolía no momento xusto en que comprendín que a vida é intensa e rabuda a partes iguais. Hoxe tomo un colacao de tarde contigo e imaxino retencións en aeroportos e longas esperas.
Bicos, viaxeira

Anónimo dijo...

Sé que una tarde escribiré en Lisboa
una carta penúltima y desnuda,
elegiré mi mano más huesuda,
esa tarde yo engulliré a la boa.

Y escribiré en minúsculas pessoa
si tengo que escribir sobre la duda.
Yo no envidio la nada de Neruda,
ni su ancla ni su mascarón de proa.

Será una tarde de lluvia y desmayo,
seguro que repleta de universo.
Al bar del puerto irá a buscarme un rayo,
cara de Shakespeare y acento disperso,
a gritar ¡Mi reino por un caballo!
Susurraré ¡Mi vida por un verso!

Lara dijo...

¿Nos han regalado un poema espontáneo?

¡Gracias!

Anónimo dijo...

Musutruk: por un beso (musu): gratis total, sin truco ni trato, ihes egin beharrik ez den Tabernan.

Marian dijo...

Claro, la melancolía y nosotros.

A mí me parece imprescindible (a ratos).

Qué aburrido sería lo contrario.

Un abrazote, Lara

IGNORANTE dijo...

¿eres la de la III reunion de mujeres escritoras?

Gemma dijo...

A mí me ocurre; basta mencionar la melancolía para sentir su roce, su merodeo...
Un beso

momo dijo...

Ni más ni menos..eso es la melancolia mi querida niña de agua.
Un abrazo

Aurélia dijo...

La melancolía... mira vos. La buhardilla, eso. Qué buhardilla de Madrid?