jueves, 3 de junio de 2010

BRASIL, número cuatro

13 de mayo de 2010, playa de Ipanema

No es lo mismo la playa de Ipanema al sol que la playa de Ipanema a la nube.

Antes de salir de casa, nos avisaron de que no pasáramos por la zona del metro General Ossório porque había una redada de traficantes. Se siembra fácil el escándalo en esta ciudad. Hemos cogido un autobús desde Leblon a Ipanema y no vimos nada extraño. Quién sabe.

No es lo mismo Río de Janeiro a la nube que Río de Janeiro al sol. Ipanema es una playa urbana que yo imaginaba mucho más salvaje, mucho más de los años cincuenta, más parecida a los desolados paseos marítimos de algunas playas del sur de Portugal. Su arena, sin embargo, es de azúcar, es cierto. Hoy está salpicada de gente y cada minuto viene alguien a ofrecerte algo: un tatuaje falso, un vestido de color chillón, agua, cocacola, limonada fresca o gafas para la presbicia. De las olas estruendo, dentro de las que se podría construir un edificio, salen a veces puntos negros que cuando están cerca se convierten en esculturas humanas que nadan contracorriente.



Anoche cenamos pizza en casa de Leandro Müller, en el barrio de Leme. Mientras nosotros charlábamos con Leandro (un escritor brasileño de dos metros de alto, rubio y de ojos azules, que habla cinco idiomas), su chica y sus amigos miraban el partido del Flamengo contra la Universidad de Chile. Perdieron los Flamengos, hubo gritos y maldiciones. Estar allí con ellos era como estar rodeados de amigos en cualquier piso destartalado de Madrid. Pero Leme está en Río de Janeiro. Así que estar allí con ellos era como estar en el barrio de Leme rodeados de amigos. Leandro también conoce a Felisberto Hernández y a Juan Filloy. Y a Roberto Arlt. A él lo encontramos en la librería Travessa, uno de los paraísos de Río. Entre las estanterías repletas de libros (más biblioteca que librería) nos invitó a su casa y nos recomendó al poeta Drummond, del que he comprado una antología. Espero entender algún poema.

La arena de Ipanema, cuando se me queda pegada al torso, es realmente azúcar. Trasparente. La chuparía para deshacerla con mi saliva.

Es una injusticia irse mañana de Río en un autobús nocturno hacia São Paulo. Volver a España, con toda su cuadrícula vital que en realidad es un triángulo o un hexágono. Sopla el viento en Ipanema. Ayer cayeron tantos chaparrones (sin violencia, en horizontal, como ríos) que subió tristemente mi nivel interno de desasosiego. No es nostálgica la lluvia de Brasil pero no soportaría ahora un otoño de nuevo. Las sandalias de goma, mojadas, los pies mojados, los hombros. Una humedad infeliz. La contra-amenaza. Por muy lejos que uno se vaya no. Pero tan, tan lejos, es cierto que. Miguel me pide que le escriba una palabra en la espalda con mi pilot rojo. La tinta es rosácea sobre su piel. Si un rato más nos quedáramos aquí. Hasta que se nos desgastara el conocimiento. Me dice frases bonitas, yo las recibo cálidamente al sol. Me dice: no hay prisa; y yo sigo escribiendo.

Dicen que esta tarde lloverá de nuevo, pero el cielo es de un celeste caribeño. Está bien, no me importa. Los coches frenan con agresividad y el viento sigue soplando desde el mar.

16 comentarios:

Miguel Marqués dijo...

Tú pilot humeante, neblinoso; el mío aún enterrado en la arena desconcertante de Ipanema o Copacabana, esperando que me arme del detector de metales preciosos o mentiras preciosas.

Quiero volver no allí, sino a eso, ya, urge.

juan bello dijo...

genial ese vendedor de bikinis!!!!

NáN dijo...

Mojitos mojados.

Del recuerdo vale la intensidad, no el hecho.

Xavie dijo...

¡¡Qué bien escribes, joder!! :-D

Un placer, como siempre, Larita.
X.

emigrante dijo...

extraordinario. más.

Portorosa dijo...

Pues yo iba a decir qué maravilla, pero me lo ha pisado Xavie :)

De todos modos: qué maravilla de post, y de situación, Lara.

Un beso.

RaRo dijo...

y qué palabra elegirías....

Lara dijo...

oh, gracias, chicos!!!

María a rayas dijo...

y nadie ha hablado de la envidia...???
mira que le falta playa a este Madrid...

Lara dijo...

Hola, Merry!

Yo creo que no le falta playa a Madrid. Madrid con playa sería una cosa rara y excesiva y nada Madrid. Madrid tiene la magia de que hay que salir de ella para buscar el mar.

¡Besos!

kika... dijo...

no creo en Dios, pero Dios vive allí, de alguna manera terrible y azucarada, no sé...

me he emocionado leyéndolo, Lara.

besos y besos
K

Aurélia dijo...

Sí, el otoño, y más cuando ocurre en el otro hemisferio, o más bien cuando uno huye de su emisferio y vuelve a encontrárselo en el otro, no mola! Y la lluvia, tampoco. Uno quisiera que el invierno sea sólo del lugar del que se va... Así es...
Pero la arena de azúcar... Qué gustito, qué boca agua, qué envidia...
Un abrazo bien porteño, linda!

Mónica López Bordón dijo...

¡¡¡Qué maravilla!!!

Bss

Isabel dijo...

Es tan hermoso como lo cuentas que me quedaría aquí en esta playa gastronómica, "la quiere al sol o a la nube"

Un placer leerte, como siempre.

Abrazos, muchos.

juan bello dijo...

ahora me toca escribir a mí

Aroa dijo...

quiero un mojito de esos...