jueves, 19 de octubre de 2006




Aparto las cosas de cenar de encima de la mesa. Extiendo el brazo y barro el mantel: van cayendo al suelo, repiquetean. El vino que sobraba, las uvas redondas (pequeños ratones que se escapan bajo los muebles), migajas de pan y el sabor de los animales muertos. Queda todo el espacio para mí, para los rituales. Quién da más, la noche o el recuerdo.

Una a una poso las cartas: alineadas, sin sentido, la monarquía estúpida de los horóscopos asustados. Empieza el juego. Miro alrededor; no hay nadie. Relamo el silencio que sube desde mi garganta y me dispongo a vivir una vez más, a inventármelo todo.

5 comentarios:

nán dijo...

Dos minutos antes que hubiera entrado y casi te habría pillado publicándolo (¿habría notado ese centelleo?). Vas bien, las cosas que derramas dejan el vacío, que es la noche. Te queda el recuerdo, pero antes de llegar habrás de inventarlo todo.
Y tienes razón: eso ¿es? vivir.

No te quedará más remedio que contarlo. (Era muy poco).

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

Excelente blog, Lara. Un estilo completamente distinto del mío, desde luego, pero mucho más interesante, y, desde luego, menos pretencioso, lo cual corrobora que los títulos no quieren decir nada. Muchos besos.

Reb dijo...

El recuerdo siempre da más que la noche porque la noche pasa y el recuerdo vuelve. Las noches no vuelven nunca y es una pena porque algunas deberían de volver pero lo que pasa es que cuando vuelven ya no son noches, son recuerdos y ya se ha producido la transformación odiosa entre pasado-presente-futuro. Al parecer cuando estemos muertos ya no existirá esa distinción. Por eso lo mejor es repartir las cartas: esta para ti, esta para mí, y así hasta que la baraja esté en la mesa de la comida con las migas y un gisante que se ha salido del plato, si no haces ningún pocker la vida parece mediocre (como me pasa a mí últimamente) pero tienes que pensar que cuando haces uno, luego estás acojonado porque crees que ahora la suerte está de tu lado, lo que significa que en un futuro no lo va a estar. Así que la solución es no moverse demasiado, y de repente (como fuera de sí) agarrarse a los pockers obsesivamente (para que no se escapen). Si se escapan tienes que abrir la mirilla y ver cómo cogen el ascensor.
Y no hacer caso nunca a la gente.

Lara dijo...

No Hacer Caso Nunca A La Gente.

Es Un Verdadero Peligro Hacer Caso A La Gente Que Te Advierte De Los Peligros.

Al fin y al cabo, cuando la Paz se pone pesada, siempre terminamos mandándola al carajo.

Reb dijo...

Es que en el fondo nos gusta luchar.