martes, 17 de octubre de 2006


(La rabia de otro)


En un café de Barcelona estaba ella, de paso,
como las hojas.
El tren salía silba silbaba y mi equipaje era una inmensa
maleta vacía, un cuaderno, una pistola…
y a punta de pistola la llevé conmigo y todo el viaje
escondiéndonos del revisor o bien hablando de Keast,
de Byron, de Goethe, sin saber nada de ellos,
hablándome de cómo los mató.
Y ella dice que también podrá conmigo, que no importa
que los frisos que me invente sean los únicos,
que da igual la esquizofrenia en que me esconda,
porque ella va a encontrar el punto débil para el beso definitivo.
Ah, pero yo le romperé los vestidos,
le arañaré las piernas y la cara, consumiré su árbol
de pan, su pelo no me cansaré
de agonizarlo, la quemaré yo a ella junto a la flor del opio
la convertiré yo mismo en un cuchillo, en una fruta
letal maravillosa.

***

Tú te olvidas de todo, te olvidas de todo andas
por ahí diciendo que te azoto
cada noche que te inicio en unos ritos extravagantes.
Ya no te acuerdas de los vestidos bonitos, de los perfumes
que yo ponía en tus manos, de todas las millas de mar hasta
Chile que viste y bebiste de mi barco llamado
Valparaíso,
ni significa nada cuando tuvimos a Nuréiev bailando en el salón
privado de mi casa
porque tú me lo pedías o pedías las orquídeas negras valoradas
cada una en la vida de dos hombres.
Ahora te dedicas a escupir mi nombre en las tabernas a resistir
el sueño en las crueles esquinas pero caminarás
por las calles horas y horas y no tendrás donde dormir
mirarás la luz de mi cuarto encendida
y desearás morirte porque tus labios tan descoloridos sólo
son hermosos ya en un momento muy determinado de la lluvia.

***

Los vientres de los pájaros son negros
si han de contenerte.
La línea de tu pómulo cortado conduce recto al infierno
tengo sed de besarte y te beso yo quiero ser el poeta
de los condenados.
LE VOYAGEUR, RAFAEL R. COSTA

7 comentarios:

Belier Belcán dijo...

Qué temblor de líneas y de manos. Me encanta el reto, el desafío y la pose de intocable. Me perturba el rencor, la duda y la certeza. Rezo por la entrega y la lucha sintética que convierte lo que ocurre entre dos personas en un festival de sensualidad y suspiro, y futuro.

También el equilibrismo sobre las cuerdas del tendedero que se acuesta entre dos vidas, entre dos casas. Con su oscura, ignota caída que un día intuyes (al menos su posibilidad: se teme) en un momento muy determinado de la lluvia, hasta que la luz escampada quita de enmedio el nefasto efecto óptico y, a pachas con la humedad, te llena la piscina de la voluntad y el anhelo hasta los bordes.

Zumo de anhelo y voluntad para aplacar la sed, todas las sedes.

Reb dijo...

Opino lo siguente : el punto débil del beso definitivo es la soledad.
¿me equivoco?

Lara dijo...

No, tampoco esta vez.
Punto débil soledad percepción soledad definitivo soledad compañía soledad equivocación soledad beso que opina.

nán dijo...

¿Por qué ese miedo a la soledad? Acabo de llegar de una manifestación a la que he ido solo, he hecho el bulto que tenía que hacer (contra el BM y el FMI, mientras ellos no cambien yo tampoco cambiaré y, si me conocierais, me veríais siempre en los actos en contra), he leído desde Cibeles hasta cien metros antes de Sol un buen montón de poemas de Pessoa (caminar despacio y leer es fantástico), y desde ese punto di las voces que tenía que dar.

Se pueden hacer un montón de cosas solo. Gratificantemente solo. Cuando no se tiene miedo, claro.

Ah, Reb, y en otro comentario hablabas de la suerte y el miedo. Tampoco es de temer. Viene a veces (la suerte) y lo único que importa (como dijo Picasso de las musas) es que cuando llegue te pille trabajando.

No hay más misterio ni truco. Y en los momentos malos: entrecejo fruncido, mirada de mala leche o ausente (según cpnvenga) trabajar más y mejor en lo que más se quiere y, cuando te dan la tabarra, ya sabes (ocrán-sanabú).

Reb dijo...

Si hablo tanto de ella es porque la tengo cerca (quita!!!, deja eso,) y bueno, supongo que ese beso definitivo del que habla el poema no es la soledad quien lo provoca.
Si Lara lo dice... FIRMES! con la mano golpeandonos la frente y el pie izquierdo golpeando el talón derecho, como buenos soldados, sin caernos del impulso. Es muy bonito el poema, mucho, me llega cada palabra y comenté eso, como podía haber comentado otra cosa. Respecto al miedo y la suerte tienes razón. Aunque, la verdad, si llega y estoy trabajando no sé si es bueno o malo. Me imagino frente al ordenador de BN con la suerte cayendo y sería un desperdicio. Prefiero que llegue cuando estoy andando por la calle o cuando me encuentre en una manifestación con un hombre leyendo poemas de Pessoa.

nán dijo...

Ah, lo del ordenador de BN es "curro", esclavismo a tiempo parcial (a veces está bien para no ser demasiado intensos).
Trabajo es lo que de verdad quieres. El mío es el de lector. El tuyo podría ser, por lo que veo en tu blog, escribir (puede que además haya otro). Trabajo es lo que te absorbe y te transforma: es lo único que permite ser transitivo, tener resultados que ofrecer a otros.
Posiblemente, con lo de la soledad, fue un primer intento y me expresé mal: lo que quería decir es que el miedo a la soledad, que a veces puede ser dura, no debería entrar en ningún trato (que no es tan fiero el león como a veces nos lo pintamos). Que los tratos mejores son los que se hacen por lo que se gana, no por lo que se pierde. (¡Cuántas veces he incumplido esto que escribo ahora y he pactado por miedo!).

Y del poema, sí, habrá que comentando, ¿no? O quizá baste con lo que tú has dicho.

Lara dijo...

Dije soledad, también, como pude decir hartazgo, tomate crudo, o ausencia de uno.
Lo que está claro es que hacer cosas solo no es el problema.
Y lo otro quizá tampoco, sólo que a cada uno le sienta el traje de una forma, hay que saber ajustarlo.